Inicio » Blog » Cómo auditué mi propia web y qué encontré

Reviso webs de clientes constantemente, pero mi propia web llevaba tiempo sin pasar por ese mismo filtro. Cuando por fin le hice el mismo repaso que le hago a cualquier cliente (precios, esquemas, contenido, enlaces, rendimiento), encontré varias cosas que llevaban meses mal sin que nadie, ni yo, las hubiera notado. Las cuento todas, incluidas las que no me dejan bien parado.

Un precio visible no coincidía con el del esquema

En una página de sector (peluquerías), el texto visible decía un precio y los datos estructurados (el JSON-LD que lee Google, no lo que ve la persona) decían otro, más antiguo, de una subida de precio anterior que no había actualizado en todos los sitios. Nadie lo había notado porque los dos números están en lugares que casi nunca se miran a la vez: uno en el texto de la página, otro en un fragmento de código separado. Encontré un segundo caso parecido en el FAQ de una página de servicio, donde la respuesta de texto libre seguía con la cifra vieja aunque el campo de precio del esquema ya estaba bien.

La lección real: un cambio de precio no está completo hasta que compruebas cada sitio donde ese número puede estar escrito (visible, en el esquema, en el FAQ, en la meta descripción), no solo la parte que se ve a primera vista. Hice una auditoría completa de precio visible contra esquema en las 35 páginas del sitio que mencionan un precio, y salvo esos dos casos, todo lo demás estaba sincronizado.

Una afirmación que sonaba bien pero no era del todo cierta

En algún momento puse en mi home un mensaje sobre no tener permanencia. Sonaba bien como diferenciador, pero al revisarlo con calma me di cuenta de que mi servicio de SEO sí tiene un compromiso mínimo real de tres meses (necesario porque el SEO no da resultados de un mes para otro). La frase no era una mentira intencionada, era una generalización de todo el negocio que solo era cierta para una parte de mis servicios (el diseño web sí es sin permanencia). La cambié por «trato directo», algo que puedo defender punto por punto sin matices.

Reseñas de backlinks que no había pedido

Revisando mi propio perfil de enlaces externos, encontré que el 100% de mis backlinks venían de una misma red de spam (mismo título de página, mismo texto ancla, dominios sin relación entre sí), sin que yo hubiera hecho nada para conseguirlos. No afecta al posicionamiento real: Google neutraliza este patrón por sí solo, y el «Domain Rating» que muestran herramientas como Ahrefs no es una métrica que Google use para rankear, aunque parezca importante a simple vista. Pero si nunca miras tu propio perfil de enlaces, no te enteras de que existe ruido como este acumulándose.

Buen posicionamiento que no se traducía en clics

Mi home aparecía en buena posición para varias búsquedas locales, pero casi sin clics: un clic en más de 3.500 impresiones en 90 días. Al mirarlo de cerca con datos reales de SERP (no solo Search Console), Google mostraba mi negocio a través de la ficha de Google Maps (el «Local Pack»), no como resultado de texto normal. Ahí no se ve el título ni la descripción de mi web, se compite en número de reseñas. Y yo tenía muchas menos reseñas que mi competencia directa. El problema no era el texto de mi página, era una parte del posicionamiento local que ni siquiera estaba mirando en el sitio correcto.

Encontré también que cerca de un tercio de las impresiones de mi home vienen de búsquedas en inglés, con un snippet completamente en español. Ahí sí hay un margen de mejora real, aunque de momento lo tengo aparcado por una decisión de arquitectura anterior que no quiero reabrir todavía.

Un esquema duplicado que llevaba meses así

En 10 páginas de servicio encontré el mismo bloque de datos estructurados repetido dos veces (uno bien formado y otro con un pequeño error de vinculación), probablemente de una edición antigua que nunca se limpió del todo. Ninguno de los dos era visible para un usuario normal, así que llevaba tiempo así sin que se notara en nada evidente. Los corregí uno por uno, verificando cada página en el validador oficial de Google antes de dar el fallo por cerrado, no solo confiando en mi propia comprobación con curl (aprendí por las malas que una caché mal purgada puede hacerte pensar que algo está roto cuando no lo está).

Lo que me llevo de auditarme a mí mismo

Ninguno de estos fallos era grave por separado, pero todos llevaban meses ahí, acumulándose en silencio. La lección real es que revisar tu propia web con la misma exigencia que la de un cliente saca cosas que dejas de ver de puro acostumbrarte a ellas: pasas por delante de tu propia home todos los días y dejas de mirarla con ojos críticos. No hace falta esperar a que algo falle de forma visible para hacer una revisión completa, y no hace falta que la revisión la haga otra persona para que sea honesta: solo hace falta aplicarte a ti mismo el mismo criterio que le exiges a un cliente.

Si quieres que le haga a tu web el mismo repaso que me hice a mí mismo, precios, esquemas, contenido y enlaces incluidos, pide tu auditoría web gratuita.

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